Los efectos y consecuencias del estrés ocupacional pueden ser
muy diversos y numerosos. Algunas consecuencias pueden ser primarias
y directas; otras, la mayoría, pueden ser indirectas y constituir
efectos secundarios o terciarios; unas son, casi sin duda, resultados
del estrés, y otras se relacionan de forma hipotética con el fenómeno;
también pueden ser positivas, como el impulso exaltado y el incremento
de automotivación. Muchas son disfuncionales, provocan desequilibrio
y resultan potencialmente peligrosas. Una taxonomía de las consecuencias
del estrés sería:
a) Efectos subjetivos. Ansiedad, agresión, apatía, aburrimiento,
depresión, fatiga, frustración, culpabilidad, vergüenza, irritabilidad
y mal humor, melancolía, baja autoestima, amenaza y tensión,
nerviosismo, soledad.
b) Efectos conductuales. Propensión a sufrir accidentes, drogadicción,
arranques emocionales, excesiva ingestión de alimentos o pérdida
de apetito, consumo excesivo de alcohol o tabaco, excitabilidad,
conducta impulsiva, habla afectada, risa nerviosa, inquietud,
temblor.
c) Efectos cognoscitivos. Incapacidad para tomar decisiones
y concentrarse, olvidos frecuentes, hipersensibilidad a la crítica
y bloqueo mental.
d) Efectos fisiológicos. Aumento de las catecolaminas y corticoides
en sangre y orina, elevación de los niveles de glucosa sanguíneos,
incrementos del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea, sequedad
de boca, exudación, dilatación de las pupilas, dificultad para
respirar, escalofríos, nudos de la garganta, entumecimiento
y escozor de las extremidades.
e) Efectos organizacionales. Absentismo, relaciones laborales
pobres y baja productividad, alto índice de accidentes y de
rotación del personal, clima organizacional pobre, antagonismo
e insatisfacción en el trabajo.