2.- DELIMITACIÓN CONCEPTUAL
DEL ESTRÉS.
La necesidad de considerar los factores psicosociales en el diseño
de los puestos de trabajo está claramente recogida en los apartados
d) y g) del artículo 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales
(Ley 31/1995 de 8 de noviembre, BOE de 10 de diciembre):
"Apartado d) Adaptar el trabajo a la persona, en particular en
lo que respecta a la concepción de los puestos de trabajo, así
como a la elección de los equipos y los métodos de trabajo y de
producción, con miras, en particular a adecuar el trabajo monótono
y repetitivo y a reducir los efectos del mismo en la salud, apartado
g) planificar la prevención, buscando un conjunto coherente que
integra en ella la técnica, la organización del trabajo, las condiciones
de trabajo, las relaciones sociales y la influencia de los factores
ambientales en el trabajo".
Los factores de riesgo psicosocial deben ser entendidos como
toda condición que experimenta el hombre en cuanto se relaciona
con su medio circundante y con la sociedad que le rodea, por lo
tanto no se constituye en un riesgo sino hasta el momento en que
se convierte en algo nocivo para el bienestar del individuo o
cuando desequilibran su relación con el trabajo o con el entorno.
(G. Villalobos, 1999).
Hans Selye, uno de los autores más citados por los especialistas
del tema, plantea la idea del "síndrome general de adaptación"
para referirse al estrés, definiéndolo como "la respuesta no específica
del organismo frente a toda demanda a la cual se encuentre sometido".
En 1936 Selye utiliza el término inglés stress (que significa
esfuerzo, tensión) para cualificar al conjunto de reacciones de
adaptación que manifiesta el organismo, las cuales pueden tener
consecuencias positivas (como mantenernos vivos), o negativas
si nuestra reacción demasiado intensa o prolongada en tiempo,
resulta nociva para nuestra salud.
Como ya se mencionó anteriormente la enfermedad ocupacional más
representativa en nuestros días es el estrés ocupacional; Diversos
estudios nacionales e internacionales muestran que en los países
desarrollados parece estar dándose un relativo estancamiento de
la incidencia de riesgos laborales tradicionales (accidentes de
trabajo y enfermedades específicas o monocausales), mientras que
asciende la prevalencia de enfermedades multicausales, relacionadas
con el trabajo, y en particular los síntomas asociados al estrés.
En este sentido, las situaciones que se dan en cualquier sistema
de trabajo, entendido éste como un conjunto de eficacia y elementos
y variables interdependientes dirigidas a alcanzar un fin común,
interactuando e influyéndose mutuamente, abarcan los siguientes
elementos:
- Las personas.
- El trabajo a realizar.
- Los resultados esperados en términos de calidad y cantidad.
- Los efectos sobre la personas, tanto positivos como negativos
y en términos de salud física, psíquica, accidentabilidad.
- Las adaptaciones a los efectos y a resultados ocurridos.
No obstante, desarrollar una adecuada gestión preventiva supone
de forma necesaria establecer un sistema productivo que garantiza
una serie de medidas y estrategias de actuación en el propio funcionamiento
de la empresa.
El estrés es entonces una respuesta general adaptativa del organismo
ante las diferentes demandas del medio cuando estas son percibidas
como excesivas o amenazantes para el bienestar e integridad del
individuo.
El estudio del estrés ocupacional ha cobrado gran auge dadas
sus implicaciones en la salud de los trabajadores y trabajadoras
y en el desempeño laboral, es por ello que muchos autores han
formulado diversos modelos para lograr una aproximación objetiva
a este fenómeno tan generalizado en nuestros días.
El modelo de ajuste entre individuo y ambiente laboral formulado
por Harrison en 1978 propone que lo que produce el estrés es un
desajuste entre las demandas del entorno y los recursos de las
personas para afrontarlas, es decir por una falta de ajuste entre
las habilidades y capacidades disponibles por la persona y las
exigencias y demandas del trabajo a desempeñar, y también entre
las necesidades de los individuos y los recursos del ambiente
disponibles para satisfacerlas. El proceso de estrés se inicia
a partir de la existencia de un desajuste percibido.
La falta de ajuste entre la persona y el entorno puede conducir
a diversos tipos de respuestas en los sujetos. A nivel psicológico,
pueden suponer insatisfacción laboral, ansiedad, quejas o insomnio.
A nivel fisiológico, pueden implicar una presión sanguínea elevada
o incremento del colesterol; y a nivel comportamental pueden implicar
incrementos en la conducta vinculadas con fumar, comer, ingerir
bebidas alcohólicas o mayor número de visitas al médico. Por el
contrario un buen ajuste tendrá resultados positivos en relación
al bienestar y de desarrollo personal. Esta primera aproximación
nos permite identificar tres factores importantes en la generación
del estrés ocupacional: 1) los recursos con los que cuentan las
personas para hacerle frente a las demandas y requisiciones del
medio, 2) la percepción de dichas demandas por parte del sujeto,
3) las demandas en sí mismas. Estos elementos continúan siendo
factores indispensables para comprender la dinámica de estrés
ocupacional.
En este aspecto es necesario enfatizar que el estrés como tal
es una fuerza que condiciona el comportamiento de cada persona,
es el motor adaptativo para responder a las exigencias del entorno
cuando estas se perciben con continuidad en el tiempo y su intensidad
y duración exceden el umbral de tolerancia de la persona, comienzan
a ser dañinas para el estado de salud y calidad de vida del sujeto.
Niveles muy bajos de estrés están relacionados con desmotivación,
conformismo y desinterés; toda persona requiere de niveles moderados
de estrés para responder satisfactoriamente no solo ante sus propias
necesidades o expectativas, sino de igual forma frente a las exigencias
del entorno.
La percepción del estrés en el trabajo es un fenómeno que refleja
la experiencia mediada por las relaciones entre las condiciones
objetivas y subjetivas. Los factores psicosociales en el trabajo
son complejos y difíciles de entender dado que representan el
conjunto de percepciones y experiencias del trabajador, suscitando
muchas consideraciones. Algunas de estas consideraciones se refieren
al trabajador individual, mientras otras están ligadas a las condiciones
y medio ambiente de trabajo. Los trabajadores mencionan sobre
todo: estresores físicos y ambientales, diseño del puesto, falta
de control sobre el contenido y proceso de trabajo, falta de compensación
del supervisor o jefes, y falta de seguridad en el empleo futuro.
Entre los modelos conceptuales de respuesta, el de Matteson e
Ivancevich trata de clasificar de forma más específica los tipos
de respuesta ofrecidos por los individuos ante situaciones de
estrés.
Este modelo pretende sintetizar los elementos relevantes del
estrés de forma que resulten útiles para la dirección de las empresas,
en vistas a intervenir sobre ellas. Distingue seis componentes:
1) los estresores, entre los que incluyen no sólo factores internos
a la organización -del puesto, de la estructura organizacional,
de los sistemas de recompensas, de los sistemas de recursos humanos
y de liderazgo- sino también externos -relaciones familiares,
problemas económicos, etc-; estos estresores inciden sobre 2)
la apreciación de la situación por el individuo; esta, a su vez,
incide sobre 3) los resultados de esa apreciación -a nivel fisiológico,
psicológico y comportamental-; y éstos, a su vez, sobre 4) las
consecuencias, tanto las referidas a la salud del individuo como
las referidas a su desempeño en la organización.
Las diferencias individuales y las estrategias de afrontamiento
son consideradas como variables moduladoras ya que ocupamos gran
parte de nuestro tiempo en el trabajo, las características de
éste representan un potencial generador de estrés, teniendo el
mismo efectos negativos sobre la salud de las personas y organizaciones.
El modelo explicativo del estrés que Ivancenvich y Matteson toman
como marco teórico considera cinco conjuntos de estresores: ambientales,
individuales, grupales, organizacionales y extraorganizacionales,
estableciendo como niveles de análisis el individual, el grupal
y el organizacional.
Por su parte R. Karasek elaboró un modelo que relaciona la demanda
(exigencias) y el control que los trabajadores pueden ejercer,
como método predictivo para identificar y modificar situaciones
potenciales de estrés. Modificando las exigencias del trabajo
o el control sobre el, se puede reducir la tensión y los trabajadores
pueden alcanzar más altos niveles de autonomía. Este modelo por
sí solo no predice las reacciones de estrés, para ello debe complementarse
con la variabilidad individual, que interpreta y resuelve de forma
satisfactorio o patológica las exigencias del entorno. Lo interesante
del modelo de Karasek es que los dos grupos de variables que considera:
exigencias de la tarea y grado de control sobre ella agrupa una
gran mayoría de los conceptos que caracterizan los cambios que
se están produciendo en la organización del trabajo. De este modelo
se derivan dos conclusiones básicas. En primer lugar, la tensión
psicológica aumenta cuando lo hacen las exigencias de la tarea
y disminuye el control que el trabajadores ejerce sobre el. En
segundo lugar los niveles de competencia aumentan cuando al alto
nivel de exigencia le acompaña un alto nivel de control sobre
la tarea.
Por su parte, J. Edwards (1992) utiliza un modelo cibernético
para dar cuenta del comportamiento del empleado en interacción
con los fines de la organización. Aquí se define como la discrepancia
entre el estado de cosas que el empleado percibe y lo que éste
desea, siempre que el grado de discrepancia se considere importante
por el propio empleado. Por su parte, la percepción se entiende
como la representación subjetiva de cualquier situación, condición,
o evento. Por tanto se refiere a la representación subjetiva de
cómo son las cosas y no de cómo debieran ser. De acuerdo con esto,
los factores del medio ambiente producirán estrés sólo en la medida
en que el empleado lo perciba así.
El estrés en el lugar de trabajo se puede detectar precozmente,
pues suele venir precedido de los siguientes síntomas: poca disposición
a asumir responsabilidades, quejas numerosas sin presentar soluciones,
falta de relación personal con los compañeros, dificultad para
realizar tareas corrientes, llegar tarde y salir temprano, dolor
de cabeza y malestar gástrico frecuente, aumento de número de
accidentes y fallos, distracciones frecuentes.
Si ante algunos de estos síntomas no se lleva a cabo un diagnóstico
precoz del estrés y la situación se prolonga, las consecuencias,
tanto físicas como psicológicas, pueden ser graves, llegando a
la enfermedad, tanto física como mental.
En este sentido un indicador del grado en que una organización,
se encuentra adaptada a las necesidades y expectativas de sus
trabajadores puede ser el nivel de estrés existente en dicha organización.
El estrés, desde un enfoque psicológico debe ser entendido como
una reacción adaptativa a las circunstancias y demandas del medio
con el cual la persona está interactuando, es decir que el estrés
es un motor para la acción, impulsa a la persona a responder a
los requerimientos y exigencias de entorno entonces podemos hablar
de "eustress o estrés positivo", no obstante, cuando el entorno
que rodea una persona impone un número de respuestas para las
cuales la persona no se encuentra en la capacidad o no posee las
habilidades para enfrentar se convierte en un riesgo para la salud
hablaremos de "distress o estrés de consecuencias negativas".
El
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